
Dice el refrán que en muchas ocasiones “cuesta más el ajo que el pollo”. En el caso que nos ocupa, y no vamos a hablar de gastronomía, costó exactamente lo mismo. Pagar 110.000 euros por un Ferrari F430 de segunda mano bien conservado tiene pinta de ser un buen trato. Lo que resuta más difícil de digerir es tener que pagar la misma cantidad por el seguro anual.
Y exactamente eso es lo que le ha ocurrido al jugador de tenis...
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